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Novedades

Todas las SensacioneS que nos estimula

el Territorio Abaucan y quedemos compartir

conTigo


Espuma de piedra cocinado en el vientre de la Tierra,

piroclasto volcánico impregnado de gas,

expulsado en violento estallido,

exabrupto geológico de sílice y aluminio,

ligera esponja de piedra,

en delicado equilibrio,

sobre el lecho del río,

de dónde venís viajando,

desde cuándo tu peregrinar,

ligera esponja de vidrio

Pomez, Pumita, Dónde vas?


Esta fotografía es parte del ensayo fotográfico TERRITORIO ABAUCÁN, TIERRAS Y GENTES

desarrollado con el auspicio del





Rionas de la finca Las Retamas, a orillas del rio Abaucán

Hubo un en un tiempo, en orilla izquierda del río Abaucán una orgullosa finca, Las Retamas. La casa, los establos y almacenes asentaban sus cimientos al borde del acantilado, a veinte metros sobre La Zanja, como se conoce al cauce. Hasta durante la temporada de lluvias está seco. No hay que fiarse mucho, cuando llueve, allá arriba, en la montaña, sus crecidas pueden ser devastadoras.

Vistas sobre el río Abaucán desde la finca Las Retamas

Sin embargo lo que provocó el abandono de la finca no fue el río, sino la arena. Todo el recorrido del río Abaucán, desde más arriba de Instataku, Los Nacimientos, fue un Bosque. Churquis, Breas, Espinillos, Jarillas, Retamas, Chañares y Algarrobos. La ambición excesiva los fue mermando hasta crear el paisaje desértico que se ve hoy.

Al desaparecer el Bosque las arenas se sintieron libres de volar. Son médano. Y el medano cubrió las cosechas como cubre hoy las ruinas de la casa, y las memorias de tiempos antiguos.

Esta es una reflexión, caminando el curso del Abaucán, desde Fiambalá hasta Saujil, el oasis donde el agua brota da abajo de los derrubios que viene bajando de la montaña.

El manantial, después de regar las viñas, vuelve a sumergirse bajo la arena y en la orilla. Entre lo plantado y el médano una delgada franja de bosque nos recuerda lo que una vez habrá sido.

En Saujil el agua surge de bajo los sedimendos bajados de la alta montaña

Y da esperanza de lo que alguna vez pueda volver a ser.

Evitando que nos cubra la arena.


Hubo un tiempo en que un orgulloso bosque de algarrobos acompañaba las orillas de los ríos del Territorio Abaucán. En Los Morteros sobreviven aún magníficos ejemplares.


Su sombra cobijó durante milenios a generaciones de nuestros ancestros. Por la abundancia de sus frutos y la dureza de su madera fue venerado


Fijaba el médano, arenas de mares de otras eras, de volcanes antiguos


Hospedó, y todavía sustenta, todo un ecosistema, equilibrado, rico, sutil, delicado…


Defendió, y aún defienden los Algarrobos resistentes, las márgenes del río Abaucán cuando sus aguas bajan enfurecidas de la Cordillera


Hace pocos siglos vino el hombre, inconsciente del efecto de su predación a golpe de hacha y fuego convirtió al bosque en combustible, durmientes y mobiliario. Con el Algarrobo partieron también Jarillas, Retamas, Breas, Pichanas… y cuánta fauna


Así el bosque se convirtió en desierto, arenas barridas por el viento,


a merced de los elementos erosionantes,


tierra despoblada que arde


Mas las raíces obstinada se aferran a su Madre Tierra, negándose a abandonar su hogar, Territorio Abaucán.


Brotes de las raices sus gajos en desafío, claman por su derecho a la vida


Y jóvenes Algarrobos muestran su resilencia, fuerza Vital para sobrevivir en el hábitat de toda Su Vida, Territorio Abaucán.


Estemos atentos,

algo podremos hacer para luchar con ellos, los Algarrobos.

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