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Novedades

Todas las SensacioneS que nos estimula

el Territorio Abaucan y quedemos compartir

conTigo


Brota una semilla chiquita como una lenteja,

se despereza en su cama de tierra cuando la humedad la despierta de su letargo.

Sabia Pachamama, nunca creeremos Tus milagros?

Tiempo y mucho esfuerzo, tierna como una bebé estirando su manita para alcanzar el Universo,

sorteando amenazas, hojita a hoja, ramita a rama,

se desarrolla el Árbol,

Algarrobo del Abaucán con hermanos por todo el orbe.

Si su suerte es propicia y su vida buena

crece hasta convertirse en Arbol Madre,

criatura que cobija de vida más allá del tamaño de sus ramas o sus raíces

provocando bosques, no solo para su especie sino para cientos,

miles? millones?

de entes vitales, flora y fauna

hongos, líquenes, bacterias…

homo sapiens

EXISTENCIA

Bajo tierra el Algarrobo desarrolla la vida que no vemos,

una trama de raíces que busca afanosa la humedad escasa

su alimento vital donde donde otras plantas sucumbirían

envenenadas por la sal

Abrazan el terreno para que no huya con el viento

soporta broncas crecidas o sequías pertinaces.

Florece abundante, en racimos,

pimpollitos minúsculos

polen para perpetuarse

alimento de una miríada de insectos

¿y aves?

Con los primeros calores asoman

verdes, tiernas, frágiles,

pequeñas las chauchitas,

vigorosas

que serán fruto de propiedades

casi milagrosas.

alimento de culturas dispersas

por el mundo.

Bosquecillo de algarrobos en la Quebrada de La Puerta, Fiambalá, Catamarca.


Espuma de piedra cocinado en el vientre de la Tierra,

piroclasto volcánico impregnado de gas,

expulsado en violento estallido,

exabrupto geológico de sílice y aluminio,

ligera esponja de piedra,

en delicado equilibrio,

sobre el lecho del río,

de dónde venís viajando,

desde cuándo tu peregrinar,

ligera esponja de vidrio

Pomez, Pumita, Dónde vas?


Esta fotografía es parte del ensayo fotográfico TERRITORIO ABAUCÁN, TIERRAS Y GENTES

desarrollado con el auspicio del





Rionas de la finca Las Retamas, a orillas del rio Abaucán

Hubo un en un tiempo, en orilla izquierda del río Abaucán una orgullosa finca, Las Retamas. La casa, los establos y almacenes asentaban sus cimientos al borde del acantilado, a veinte metros sobre La Zanja, como se conoce al cauce. Hasta durante la temporada de lluvias está seco. No hay que fiarse mucho, cuando llueve, allá arriba, en la montaña, sus crecidas pueden ser devastadoras.

Vistas sobre el río Abaucán desde la finca Las Retamas

Sin embargo lo que provocó el abandono de la finca no fue el río, sino la arena. Todo el recorrido del río Abaucán, desde más arriba de Instataku, Los Nacimientos, fue un Bosque. Churquis, Breas, Espinillos, Jarillas, Retamas, Chañares y Algarrobos. La ambición excesiva los fue mermando hasta crear el paisaje desértico que se ve hoy.

Al desaparecer el Bosque las arenas se sintieron libres de volar. Son médano. Y el medano cubrió las cosechas como cubre hoy las ruinas de la casa, y las memorias de tiempos antiguos.

Esta es una reflexión, caminando el curso del Abaucán, desde Fiambalá hasta Saujil, el oasis donde el agua brota da abajo de los derrubios que viene bajando de la montaña.

El manantial, después de regar las viñas, vuelve a sumergirse bajo la arena y en la orilla. Entre lo plantado y el médano una delgada franja de bosque nos recuerda lo que una vez habrá sido.

En Saujil el agua surge de bajo los sedimendos bajados de la alta montaña

Y da esperanza de lo que alguna vez pueda volver a ser.

Evitando que nos cubra la arena.


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