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Novedades

Todas las SensacioneS que nos estimula

el Territorio Abaucan y quedemos compartir

conTigo


Brota una semilla chiquita como una lenteja,

se despereza en su cama de tierra cuando la humedad la despierta de su letargo.

Sabia Pachamama, nunca creeremos Tus milagros?

Tiempo y mucho esfuerzo, tierna como una bebé estirando su manita para alcanzar el Universo,

sorteando amenazas, hojita a hoja, ramita a rama,

se desarrolla el Árbol,

Algarrobo del Abaucán con hermanos por todo el orbe.

Si su suerte es propicia y su vida buena

crece hasta convertirse en Arbol Madre,

criatura que cobija de vida más allá del tamaño de sus ramas o sus raíces

provocando bosques, no solo para su especie sino para cientos,

miles? millones?

de entes vitales, flora y fauna

hongos, líquenes, bacterias…

homo sapiens

EXISTENCIA

Bajo tierra el Algarrobo desarrolla la vida que no vemos,

una trama de raíces que busca afanosa la humedad escasa

su alimento vital donde donde otras plantas sucumbirían

envenenadas por la sal

Abrazan el terreno para que no huya con el viento

soporta broncas crecidas o sequías pertinaces.

Florece abundante, en racimos,

pimpollitos minúsculos

polen para perpetuarse

alimento de una miríada de insectos

¿y aves?

Con los primeros calores asoman

verdes, tiernas, frágiles,

pequeñas las chauchitas,

vigorosas

que serán fruto de propiedades

casi milagrosas.

alimento de culturas dispersas

por el mundo.

Bosquecillo de algarrobos en la Quebrada de La Puerta, Fiambalá, Catamarca.


Wolframio!!!” exclamó el geólogo en mientras exploraba en montañas abruptas, de piedras filosas, que asomaron del fondo del mar en tiempos Mesozoicos.

“Wolframio!!!” exclamó y con la noticia se volvió a Buenos Aires a notificar su hallazgo.

En los años 30 del siglo pasado se abrió la mina desde donde se extrajo tungsteno hasta los 90.

La Montaña también fue generosa en estaño. Hoy yacen abandonadas solo visitadas por caminantes intrépidos en busca del sabor de la aventura y la energía del Paisaje.

Tempranito a la mañana en el punto de encuentro Paul, guía oficial habilitado, y Gaby prendían el fuego para recibir a los excursionistas con mate cocido calentito y tortillas recién hechas.

La mañana es fresca y la excursión será larga.

Una de las magias de la montaña es que brota Amistad entre los caminantes. A veces describir las sensaciones que origina caminar en compañía de amigos es tarea superior a las capacidades de este redactor. Dejaremos que sean las fotos las que describan el paisaje y cada observador produzca sus propias sensaciones.

Arrancamos por la quebrada Cola de Ratón, caminando por el cauce seco del río. La imaginación recrea la visión del poder del agua arrasando vegetación rodando rocas, piedras que alguna vez estuvieron en las laderas de las montañas.

Al poco de andar llegamos a un refugio de mineros, a orillas del río de piedras, al pie de la ladera que hemos de ascender. Ahí viene la prueba de resistencia, por los senderos que en otros tiempos fueron pisados por los burros que subían suministros a la mina y bajaban el mineral.

A 2.200 msnn está la mina, una garganta que entra a las tripas de la montaña como entraría a la barriga de una ballena. Al Oeste, velado por el polvo que el Zonda suspendió en la atmósfera el valle del Abaucán, Fiambalá, como un oásis, y apenas visible, la Cordillera de los Andes. Hacia el Este la Sierra de Fiambala, valles, quebradas y cumbres que se pierden en el horizonte.

Decía el poeta que al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar así que Paul nos llevó de vuelta por la Quebrada del Arbolito.

“Eureka” dijo el caminate cuando encontró la confraternidad, y volvió a casa con el alma henchida de amistad.



Hubo un tiempo en que un orgulloso bosque de algarrobos acompañaba las orillas de los ríos del Territorio Abaucán. En Los Morteros sobreviven aún magníficos ejemplares.


Su sombra cobijó durante milenios a generaciones de nuestros ancestros. Por la abundancia de sus frutos y la dureza de su madera fue venerado


Fijaba el médano, arenas de mares de otras eras, de volcanes antiguos


Hospedó, y todavía sustenta, todo un ecosistema, equilibrado, rico, sutil, delicado…


Defendió, y aún defienden los Algarrobos resistentes, las márgenes del río Abaucán cuando sus aguas bajan enfurecidas de la Cordillera


Hace pocos siglos vino el hombre, inconsciente del efecto de su predación a golpe de hacha y fuego convirtió al bosque en combustible, durmientes y mobiliario. Con el Algarrobo partieron también Jarillas, Retamas, Breas, Pichanas… y cuánta fauna


Así el bosque se convirtió en desierto, arenas barridas por el viento,


a merced de los elementos erosionantes,


tierra despoblada que arde


Mas las raíces obstinada se aferran a su Madre Tierra, negándose a abandonar su hogar, Territorio Abaucán.


Brotes de las raices sus gajos en desafío, claman por su derecho a la vida


Y jóvenes Algarrobos muestran su resilencia, fuerza Vital para sobrevivir en el hábitat de toda Su Vida, Territorio Abaucán.


Estemos atentos,

algo podremos hacer para luchar con ellos, los Algarrobos.

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