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Novedades

Todas las SensacioneS que nos estimula

el Territorio Abaucan y quedemos compartir

conTigo


Espuma de piedra cocinado en el vientre de la Tierra,

piroclasto volcánico impregnado de gas,

expulsado en violento estallido,

exabrupto geológico de sílice y aluminio,

ligera esponja de piedra,

en delicado equilibrio,

sobre el lecho del río,

de dónde venís viajando,

desde cuándo tu peregrinar,

ligera esponja de vidrio

Pomez, Pumita, Dónde vas?


Esta fotografía es parte del ensayo fotográfico TERRITORIO ABAUCÁN, TIERRAS Y GENTES

desarrollado con el auspicio del




Una reflexión subiendo la duna Federico Kirbus

Al caminar por la Naturaleza no deberíamos dejar más huella que la de la planta de nuestros pies, dijo un maestro de la Vida.

Subiendo a la cima de la duna más alta del planeta, uno sigue la huella de los todo-terrenos, 4x4, cuatriciclos, que recorrieron la ruta trazada por el rally Dakar. También las rodadas que pisotean a su capricho, saliéndose de la pista marcada, para subir el nivel de adrenalina, sentir la omnipontencia de sus egos sublimado en sus máquinas.

Toda sensación es respetable y quien necesite su dosis extra de sensaciones fuertes tiene su derecho a tenerla. Sin embargo, no se pueden conformar con pisar el camino ya trillado? Es necesario pisotear terreno virgen para conformar su ego?

Al costado de la ruta Dakar existe todo un sutil ecosistema, bello, frágil. Vida que merece un poco de respeto por el simple hecho de ser Vida.

Subir paso a paso a la cumbre de la duna más alta del mundo nos permite, no solo verla, también sentirla, oír el arrullo de la brisa, olfatear la vegetación, percibir la noción del tiempo…

Quienes nos deleitamos de esas sensaciones también tenemos derecho a gozar de la duna más alta viendo las huellas de los pies de quienes nos precedieron, hombres, bestias, bichos o plantas.

Señores de la adrenalina, reclamamos nuestro derecho a deleitarnos de los sutiles encantos del desierto, la sensación de omnipotencia también se siente rodando por el sendero ya trillado del Dakar. A sus orillas el frágil encanto de la Naturaleza del desierto.




Actualizado: 9 abr 2022


Duna Federico Kirbus, Medanitos, Fiambala

Hace unos días, en un lavadero de autos, me aborda un guía baqueano y me suelta un discurso del cuidado de la Naturaleza porque es el patrimonio que atrae turismo que deja divisas al Territorio Abaucán.

Y tiene razón. La Razón es el discurso de cada realidad personal. No La Verdad sin embargo.

No solo hay que cuidarla por interés estético que atraiga visitantes. Hay que cuidarla porque Naturaleza Somos Todos.

Nadie excluido...y como decia un famoso fisico "Nada se destruye todo se transforma".

Pero siempre mejor acusar los otros, como a los Loros, que son los responsables de que no quede algarroba, chañar o frutas de los arboles que fueron traidos a este territorio hace tiempo.

Fruta que muchas veces no se cosecha, que yace en el suelo, olvidada, pisoteada. Parece ser que son tiempos de abundancia, y lo que Natura nos da, quizás, nos sobre.

Pisoteada la abundancia como queda la duna, marcada la cordillera, sin más objeto que la adrenalina para parchar los baches de rutas de frustración.

Pobres Loros.


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