top of page
200731LasPapas077.jpg

Novedades

Todas las SensacioneS que nos estimula

el Territorio Abaucan y quedemos compartir

conTigo


Hace dos años para estas fechas teníamos una cafetería, Brotes del Abaucán. Servíamos y vendíamos los productos artesanales que elaboran en el Territorio Abaucán. Entre ellos los quesos y quesillos, de cabra y de vaca.

Una vez a la semana ibamos a buscarlos a una montaña al oeste de Palo Blanco. Su nombre aún no lo tenemos definido. Hay quién la llama Lampato, quien Los Colorados o el cerro Azul. Su pico a más de 5.000 m.s.n.m.

Visitábamos varios puestos, La Junta, El Bangel, Aguadita, Las Lechuzas…

Para llegar se vadean ríos y traquetea sobre la arena. Huellas que en verano con las lluvias se descomponen en un afán de volver a ser monte virgen. El panorama, aún salvaje, merece el zarandeo de amortiguadores y vértebras.

En verano el paisaje hosco para el ojo incauto se convierte en hábitat de flores delicadísimas. También verdean arbustos y yuyos, remedio que los antiguos usaban para curarse, condimentar o simplemente para saborear en el mate o infusiones.

A uno y otro lado de la huella, de tanto en tanto, van encontrándose cabañas de pirca, los puestos. Algunos abandonados otros habitados por pastores que cuidan su ganado de “el daño”, como llaman por estos pagos al puma, los cuatreros y otros males. En verano lechan, hacen quesos y quesillos, de cabra y de vaca. Quesos auténticamente artesanales, como antaño, naturales.

Freddy, de Palo Blanco, nos llevó por primera vez a conocer a Cacho Reales que tiene su puesto en La Junta, donde se unen dos ríos de los que aún no sabemos su nombre y se junta el agua que riega las viñas y huertas de Palo Blanco.

Más arriba está El Bangel donde una vez estuvimos en una fiesta que ya contaremos. El puesto lo atienden Lucía y Juan de Dios. Pocos jóvenes se dedican ya a las tareas campesinas. Ver a estos chicos hace albergar la esperanza de que la cultura agraria tradicional está a salvo aún un tiempo. Por una huella a la izquierda está La Aguadita, casi llegando al Lampato. Cuando fuimos no había nadie, quizás estaban arriba en el cerro pastando sus cabras.

Y aún siguiendo la huella de El Bangel, más arriba, está Las Lechuzas donde Sonia hace el queso de Vaca y Cesar el de cabra. Las tierras son de doña Elba, de Medanitos quien no deja de subir a pasar el verano trabajando con sus animales acompañándose de amigos entre quienes nos encontramos con una pareja que viene todos los veranos desde Adrogué a dar una mano.

Conocer a esta gente, sus cuentos e historias, mate en mano no es cuestión de un rato. Como las amistades, hay que dedicares tiempo, y amor. La gente es amable y nos recibe con cariño. Una vez, Cacho Reales, no nos dejo ir hasta acabar con el asado de la chiva que había mandado a carnear porque lo habíamos ido a visitar.

Estas son las expediciones que queremos ofrecerte. Conocer paisaje si, y sentir los quehaceres del trabajo de campo, participar en él si se quiere, compartir pitanza y charla amable. Y sentir la aventura de comprar los quesos, porque la demanda supera ampliamente la oferta.

Es Cultura del Trabajo y La Cultura de Artesanos y Artesanas del Territorio Abaucán. Es Turismo Cultural.

LA EXCURSIÓN:

Se sale desde Fiambalá tempranito a la mañana. El itinerario nos lleva a pasar por Saujil y Palo Blanco mientras el amanecer pinta con su luz la Sierra del Oeste y el Lampato, nuestro objetivo.

Desde Palo Blanco tomamos un camino de tierra y luego una huella que nos acerca a los distinos puestos.

Hacemos parada en ellos para saludar a los puesteros y, si ha lugar, a darles una mano en las tareas campestres.

En cada uno de los puestos se puede ver la posibilidad de comprar queso y quesillo artesanal de cabra o de vaca.

El almuerzo puede aportarlo cada uno o ver la posibilidad de que los preparen en el puesto. Depende de la disponibilidad de los puesteros respecto a sus tareas diarias.

Y, por supuesto, podremos comprar, quesos.

La excursión puede durar todo el día o medio.

Hay opciones de realizar caminatas.

Es conveniente hacerla acompañado de un guía que conozca a la gente del campo y el itinerario.



Actualizado: 12 ene 2022


El camino sube dejando allá abajo Tatón y el valle del Abaucán. Y vuelve a subir aún más. Huella que hasta hace poco era solo apta para mulas, que con las tormentas de verano se desmorona volviéndose transitable solo para baqueanos y sus caballerías.

En la Travesía podemos encontrarnos a Elba Araya, portando un chivito cansado en el pecho. Junto a su familia arrean chivos y cabras para vender en Tatón, a mula, caminando, cono en los viejos tiempos en los tiempos actuales. Toda una mañana. Es penoso pero así sobrevivían sus abuelo, y los abuelos de sus abuelos por generaciones. Allá, arriba, en el cerro.

Podemos encontrarnos con Pedro Morales cargando un chivo recién carneado para que Silvestre Suarez lleve al pueblo para convidar en una fiesta. Lo sube desde el puesto de don Gregorio Suarez, La Aguada, una trepada entre piedras surgidas del fondo del océano hace millones de años, desmoronada por tormentas, con la energía de un puma, apenas con sobrealiento. Don Gregorio Suarez puestero solitario.

En la senda, con vistas a la cordillera el recuerdo de un familiar, de un amigo, a quien se le saluda al pasar y se le dejan flores para recordarlo, y plata para que compre vino.

Se sigue subiendo y al final del camino, allá abajo, entre las montañas, asoma minúscula la alameda de Rio Grande. Al acercarse la alameda crece y dentro de su muralla incompetente contra el viento las casitas de pirca, caña y barro construidas alrededor de la Escuela.

“Antes teníamos veinticuatro alumnos” nos dice la directora doña Elida Morales. “Se subía a mula entonces. Y ahora también cuando las tormentas derrumban el camino”.

Solo ocho familias viven aún en el pueblo. Aunque diseminadas en puestos a dos, tres, o nueve horas de “La Escuela” como llaman al centro de Rio Grande.

El abuelo don Antonio Suarez y su nieto Silvestre nos muestran que hilar no es solo cosa de mujeres. La abuela doña Angélica Tolaba da la mamadera a los guachitos, los chivitos huérfanos o abandonados. Florencia y su hijo se dejan fotografiar en el patio de la escuela. Y las maestras discretamente cubiertas, según manda el reglamento.

Don Angel Sandón y su esposa doña Marta Suarez nos invitas a pasar el día en su puesto El Pozo, tres horas de caminata desde “La Escuela”. Toca lechar las chivas, hacer queso como todos los días cuando viene el buen tiempo. Después de la faena, mate, pan casero y queso artesano. Más tarde, el chivito asado.

Y la vuelta, el largo y sinuoso camino al valle.

Gracias Ricardo por invitarnos a Tu Pueblo. Gracias a todos los que nos recibieron con tanto cariño.



bottom of page