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Todas las SensacioneS que nos estimula

el Territorio Abaucan y quedemos compartir

conTigo


Wolframio!!!” exclamó el geólogo en mientras exploraba en montañas abruptas, de piedras filosas, que asomaron del fondo del mar en tiempos Mesozoicos.

“Wolframio!!!” exclamó y con la noticia se volvió a Buenos Aires a notificar su hallazgo.

En los años 30 del siglo pasado se abrió la mina desde donde se extrajo tungsteno hasta los 90.

La Montaña también fue generosa en estaño. Hoy yacen abandonadas solo visitadas por caminantes intrépidos en busca del sabor de la aventura y la energía del Paisaje.

Tempranito a la mañana en el punto de encuentro Paul, guía oficial habilitado, y Gaby prendían el fuego para recibir a los excursionistas con mate cocido calentito y tortillas recién hechas.

La mañana es fresca y la excursión será larga.

Una de las magias de la montaña es que brota Amistad entre los caminantes. A veces describir las sensaciones que origina caminar en compañía de amigos es tarea superior a las capacidades de este redactor. Dejaremos que sean las fotos las que describan el paisaje y cada observador produzca sus propias sensaciones.

Arrancamos por la quebrada Cola de Ratón, caminando por el cauce seco del río. La imaginación recrea la visión del poder del agua arrasando vegetación rodando rocas, piedras que alguna vez estuvieron en las laderas de las montañas.

Al poco de andar llegamos a un refugio de mineros, a orillas del río de piedras, al pie de la ladera que hemos de ascender. Ahí viene la prueba de resistencia, por los senderos que en otros tiempos fueron pisados por los burros que subían suministros a la mina y bajaban el mineral.

A 2.200 msnn está la mina, una garganta que entra a las tripas de la montaña como entraría a la barriga de una ballena. Al Oeste, velado por el polvo que el Zonda suspendió en la atmósfera el valle del Abaucán, Fiambalá, como un oásis, y apenas visible, la Cordillera de los Andes. Hacia el Este la Sierra de Fiambala, valles, quebradas y cumbres que se pierden en el horizonte.

Decía el poeta que al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar así que Paul nos llevó de vuelta por la Quebrada del Arbolito.

“Eureka” dijo el caminate cuando encontró la confraternidad, y volvió a casa con el alma henchida de amistad.



Actualizado: 16 ago 2022

El Sol acaba de iluminar la puerta a la Quebrada de la Angostura, pasaje en la muralla de la Sierra de Narváez para llegar a la Cordillera

Es el punto de encuentro para la expedición a descubrir la belleza del Sendero de doña Arminda. La puestera ya se fue a transitar su camino. Ahí nomás de arrancar la caminata esta su Casita de Pirca labrada. Roja como las rocas sedimentarias que vamos a recorrer.

El día es fresco, ideal para un paseo por las montañas.

Al poco de andar por el cauce de un río salado comienza el ascenso que pondrá a prueba nuestro aliento y nuestras piernas. Llegaremos hasta los 3.000 msnm. Paul, nuestro guía, nos marca el ritmo “Tranquilos gente la montaña es para disfrutarla. Hagamos un alto para un momento de contemplación” El paisaje es imponente. Pisamos sobre mil tonos de rojos, desde marrones al bermellón. Quizás alguien deba escribir una samba.

Al llegar al alto nos recibe una Pacheta, un lindero y el viento. Es momento del tercer desayuno resguardados por una roca. Frutos, pasas, y agua. Mucha agua para que el cuerpo no se deshidrate.

La panorámica a 360º, los rojos de rocas sedimentarias que se elevan y desmoronan imperceptiblemente desde hace 400 millones de años, un medano amarillo se sostiene a lo lejos en una vertical imposible. Hacia el Este se adivina el Valle de Fiambala cercado por los cerros con las dunas que los trepan.

Las Emociones estallan.

Por un filo descendemos hasta otro río. Apenas un hilo de agua. Nuestras pisadas crujen en el suelo blanco de sal como si fueran nieve helada. La quebrada se estrecha, se convierte en cañón. Entramos al cañón Rojo. Como entrada un sensacional balcón tallado por el tiempo y los elementos.

El Sol, calando hasta el fondo pinta con su Luz tonos que no entran ni en la paleta del pintor y en los píxels de la cámara. El eco amortiguado de nuestros pasos y el viento que se anuncia a la salida imponen silencio místico en los caminantes.

Para completar las sensaciones el último tramo de la caminata lo hacemos sobre lo que un día fue el camino antiguo, un camino transversal Inca, el Qhapaq Ñan, que unía las rutas principales de la sierra y de la costa.

Se completa la expedición con un almuerzo donde se comentan las sensaciones y se sellan nuevas amistades.




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